Ximénez – Una novela de Andrés Ospina – Por Laguna Libros - Multimedia
Antioquia – Atlántico – Bogotá D.C. – Bolívar – Caldas – Cauca – Quindío – Risaralda – Santander – Valle del Cauca – e-Book – Amazon
Inicio – Capítulo I – Contacto – Dónde conseguirlo – e-Book – El autor – Facebook – Formspring – Imágenes – La novela – Laguna Libros – Multimedia – Prensa – Reseñas – Twitter
Multimedia
Ximénez. ‘Teaser’. Versión extensa.
Ximénez. Promo. Versión corta.
Ya la mañana se había transformado en tarde y la huelga no comenzaba. José Joaquín caminaba, observando a los obreros, ya casi al final de su jornada. Los mosquitos, por el contrario, arreciaban en busca de víctimas, que en ese momento empezaban a llenar los billares, el teatro Libertador, el cinema Santander y los cafés. Y él comenzaba a rascarse. Una electrola medio ronca reproducía melodías del Trío Matamoros.
Hueso na’ ma,
tenía mi novia,
hueso na’ ma.
Cuando yo me fui a casar,
a la iglesia entré completo.
Me dio el Padre en el altar
solamente un esqueleto.
Se casaron el 29 de junio de 1944, en la vieja Ermita de San Diego. Fueron testigos Elvira y Arturo Castilla. También Calibán e Isabel Jiménez. No hubo pompas o celebraciones. Tampoco viaje de bodas. Los dos regresaron para establecerse en la modesta vivienda madrilense de la familia. Antes se detuvieron en los sótanos de la avenida Jiménez (curiosa coincidencia) para un solo brindis en el nuevo Cabaret y Restaurante Metropolitan, desde cuya electrola, a propósito, el novio hizo sonar una canción, de moda dos años atrás, compuesta por Ernesto Domínguez, en la voz de Pedro Vargas. La vida, en lo esencial, cambia poco para quienes hacen voto forzado de pobreza.
Juntos tú y yo
todo ha de ser luna de miel
para los dos.
Pues mi adoración hecha canción te arrullará,
y en el corazón tan sólo habrá felicidad.
Nunca jamás te olvidaré,
tú vivirás en mi querer.
Como ave que anida, por toda una vida,
y nuestro amor siempre será luna de miel.
Los demás libaban cervezas y aguardientes, mientras la radiola reproducía las notas festivas de Eduardo Armani y su Orquesta, procedentes de La Voz de la Víctor, desde cuyo micrófono Western, Juan Francisco Reyes cantaba las horas restantes para que el 45 expirara.